El
día de la
lotería de navidad es, probablemente, el tema mas
coñazo que a un
fotógrafo le puede tocar. Habrá quien diga que el
fútbol es peor si no te gusta, o los debates
políticos, o las
manifestaciones... pero para mi no. Todos los temas tienen algo a lo que te puedes aferrar para sacar algo positivo, menos la
lotería.
Para empezar hay que estar
superpronto, antes de las ocho de la mañana, y no exagero si digo que incluso a las siete.
Según hayan pedido las fotos hay que ir a montar el ordenador -si llevas-, coger sitio entre las
cámaras y pelearte con los
seguratas venidos a mas que se ven, ese
día, como
superpolis inchados de
ego. Por supuesto hay que buscar a la gente
haciendo cola en la calle y los
frikis varios que van
alli a chupar
cámara. Y claro, tragarte la tradicional,
típica y
pesadisima tradicion de las bolas. Lo
típico.

Aunque a nadie sorprende lo que se junta ese
día, la
imprevisión es
moneda de cambio año tras año tras año. Se forman enormes
colas de periodistas en la entrada, los
fotógrafos nunca tenemos un sitio para trabajar -
las radios y las teles si- y la primera fila no esta reservada para la prensa con lo cual las quejas del 'no me deja ver' se repiten cada año.
Además, para variar, no puedes ir al baño no sea que salga
el gordo, y para colmo el
único baño cercano es individual y
unisex, con lo cual no puedes ir y volver en un salto.
Pero hay no queda la cosa. Lo peor de todo es que las fotos que se hacen
aquí no valen una
castaña.
Informativamente puede, pero
plasticamente las fotos de los ganadores tirando cava tienen mucho mas peso. Para sacar una foto
distinta tienes que arriesgar, y arriesgar en un sorteo es algo que no todos nos podemos permitir.
¿Y al final? Pues nada de nada. 6 horas de pie quieto haciendo fotos para que al
día siguiente no se publique
ninguna. La vida es dura.