Comidas de postin
Una de las coas que mis amigos mas me hechan en cara, aparte de las chicas y chicos de los saraos, son las comidas de prensa en sitios de superlujo. Es cierto que puedo presumir de haber comido en los hoteles y restaurantes mas caros de Madrid, lugares donde si no fuera por la camara que llevo al hombre, me dispararian al entrar y trocearian mi cuerpo para hacer comida de tortuga. El Palace, por ejemplo, que tiene un zumo de naranja de caja de lo mas cutre, el Ritz, cuyo cafe con leche sabe a rayos, el Villamagna, a 6 euros la infusion, el cocido de Lhardy -aqui proablemente ni me dejarian acercarme a 20 metros de la puerta...- en fin, lugares a los que solo se puede pasar con mucha pasta en la cuenta del banco o un carnet de prensa.
Una comida de prensa, por norma, se utiliza para presentar algo que en una rueda de prensa pues igual queda algo soso, aunque tampoco hay que descartar motivos tan simples como pelotear a los redactores, que con el estomago lleno escriben mejor. Durante la comida el ambiente es mucho mas distendido, se pueden hacer preguntas con tranquilidad, curiosear de forma informal, meter mas el dedo en el ojo sin los corses de una sala de ruedas de prensa... vamos, que delante de un buen plato todo se dice -y se escuha-de otra forma.
Los fotografos, por nuestra parte, no solemos quedarnos a comer, bien porque tenemos que enviar el material bien porque no nos da la gana. La primera -y casi la ultima- vez que me quede a comer fue durante la presentacion de un libro de Javier Marias. Me sente entre un teologo y un cura... vamos, que de playboy no hablamos. Despues de las dos horas mas incomodas de mi vida decidi que era mejor tomarme un sandwich cutre con mi amigo y gran fotografo Jorge Paris en una plaza de Opera que saborear caros manjares por el morro con tan ilustre compañia.
Pero vaya... ¿como se desarrolla una comida de prensa? Bueno, lo normal es llegar y, en efecto, beber y/o comer; me dijo una vez un redactor de la Cadena SER que un periodita comen en las ruedas de prensa y vive de los regalos de los parocinadores. Y uen, algo de razon tenia porque siempre hay algun gorron que llega veinte minutos antes para ser invitado a ese Chivas que el sueldo no permite o a una tapita de iberico que no se toma todos los dias; por suerte estos son escasos.
Si hay un buen dia y el escritor no es Umbral, el fotogafo podrá hacer la foto antes de la comida, sacndole a saco de las conversaciones en que se mete con la promesa de que solo será un segundo... si no lo consigues hay que esperar hasta el final o arrisgarse a pillar una foto mientras come, donde generalmente no se saca al muñeco muy favorecido. Segun quien pida la foto, esta puede ser totalmente publicitaria, con el fulano delante de un cartelon enorme de su libro, o mas intima... al lado de una ventana o con mano al menton y mirada como de esas que uno pone cuanto intenta multiplicar mentalmente 1394584973 X 876. En cualquier caso no hay muchas posibilidades ya que por regla general junto al escritor ha de salir el libro, de modo que las opciones se reducen a la persona y cartel, la persona leyendo su propio libro o la persona con su propio el libro bajo el brazo. Todo muy expontaneo vaya.












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